OMPRESS-SUDÁN DEL SUR (12-11-18) Sudán del Sur, el país más joven de la tierra, sigue sufriendo una guerra que parece no tener fin. Mons. Paride Taban, obispo de emérito de Torit, en Sudán del Sur, en declaraciones a AMECEA, la institución que reúne a las Conferencias Episcopales del Este de África, señala que la paz sólo es posible si se tiene el interés de las personas como prioridad, en vez de los intereses egoístas que han dominado hasta ahora.

Son miles los refugiados sursudaneses que viven en los países vecinos. Ante esta realidad dice Mons. Taban que “lo mejor que podemos hacer en este mundo cuando queremos traer paz es no mirarnos a nosotros mismos sino mirar a los demás; mira lo que puedes hacer para aliviar el sufrimiento de los demás. Paz significa sacrificarse por los demás, no por ninguna recompensa en este mundo”.

Señaló que los factores que contribuyen al conflicto en Sudán del Sur son en gran medida el tribalismo, el egoísmo, el analfabetismo y demasiadas armas de fuego en manos de civiles.

“La razón por la que me retiré como obispo de la diócesis de Torit, ocho años antes de la edad de jubilación, fue por el tipo de tribalismo que vi entre la gente. Me retiré para encontrar un lugar pequeño donde las personas puedan vivir juntas como hermanos y hermanas sin importar la tribu, la religión o el estatus social. Fundé la aldea de la paz para formar un pequeño grupo que pudiera vivir unido y romper lentamente el mal del tribalismo”, explicaba.

Fue así cómo, en el 2005, fundó la Holy Trinity Peace Village, con toda una serie de programas para promover la cooperación y la paz, desde deportes y teatro a agricultura y educación. Con tradiciones tribales profundamente enraizadas, como el robo de ganado, al principio los resultados no fueron precisamente espectaculares, pero con el tiempo la región comenzó a cambiar. Actualmente, como Mons. Taban ha explicado, la zona donde está ubicada la aldea de la paz, Kuron, es una zona pacífica, un oasis de paz.

“La tribu es buena, pero el tribalismo es un mal, y esto es lo que está destruyendo a nuestra joven nación”, explicaba. “Y lo que también está destruyendo a nuestro país es la ignorancia y el analfabetismo; Estos son los factores con los que deberíamos pelear en lugar de pelearnos entre nosotros”. Por eso, “mi idea comenzar una escuela desde la guardería hasta la secundaria y, si Dios me da más tiempo, hasta la universidad. Creo que una vez que se abre la mente de las personas, una vez que se iluminan, pueden comenzar a apreciar a la humanidad y a los seres humanos; para amarnos como hijos e hijas de Dios”.

“En Sudán del Sur encuentras a los jóvenes, y a todos, con armas. Si podemos deshacernos de estas armas, el país recuperará su cordura y la gente podrá vivir en paz sin miedo. Una vez fui a celebrar la misa en el pueblo y durante el ofertorio la gente llenó el cesto de las ofrendas con balas, diciendo que eso era todo lo que tenían. Decir que me quedé estupefacto es poco: estas son cosas que no deberían ocurrir”.

“Necesitamos confiar en nuestro Dios, no en las armas. Dios todavía puede hacer un milagro en Sudán del Sur. Si la paz no puede lograrse a través de los esfuerzos humanos, Dios ciertamente lo hará posible”, concluía.

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