OMPRESS-MONGOLIA (3-04-20) El Papa Francisco ha nombrado Prefecto Apostólico de Ulanbator, que abarca toda Mongolia, al padre Giorgio Marengo, misionero de la Consolata, hasta ahora párroco en Arvaiheer, a 500 kilómetros al suroeste de Ulanbator. Se convierte así en el segundo prefecto apostólico, tras el fallecimiento, el 25 de septiembre de 2018, de Mons. Wenceslao Padilla, de la Congregación del Corazón Inmaculado de María.

El padre Giorgio Marengo nació el 7 de junio de 1974 en Cuneo, Italia. Vivió en Turín donde se unió a los Misioneros de la Consolata. De 1993 a 1995 estudió Filosofía en la Facultad de Teología del norte de Italia y de 1995 a 1998 Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma. De 2000 a 2006 completó sus estudios en la Pontificia Universidad Urbaniana, obteniendo la Licencia y el Doctorado en Misionología. Hizo su profesión perpetua el 24 de junio de 2000 como religioso de la Consolata y fue ordenado sacerdote el 26 de mayo de 2001. Fue el primer religioso de la Consolata en ser asignado a la misión en Mongolia, en el 2003. Desde 2006 se encuentra en Arvaiheer, la capital de la provincia de Uvurkhangai, a 430 km de la capital, Ulanbator Desde 2016 era el superior en el país, además de párroco de María Madre de la Misericordia en Arvaiheer.

La comunidad católica de Mongolia es realmente un pequeño rebaño con menos de 2.000 fieles en total, reunidos en solo siete parroquias, además de contar con sesenta misioneros activos, pertenecientes a diversas congregaciones y de orígenes muy diferentes. El primer sacerdote local no fue ordenado hasta 2016. En una entrevista concedida a Vatican Insider, el padre Marengo decía: “A principios de los años noventa, cualquier extranjero despertaba reacciones contrapuestas que también experimenté yo a mi llegada una década después: gran curiosidad e interés, pero también sospecha y mucha desconfianza. Con los años, la desconfianza y la sospecha hacia la Iglesia han disminuido gradualmente. La población entendió nuestras intenciones, entendió nuestro deseo de cuidar a todos, especialmente a los más débiles y vulnerables, de manera libre y desinteresada. Y lo aprecia mucho. En este país, así como en el resto de Asia, la confianza de la población se gana lentamente”. El estilo misionero adoptado por el padre Marengo lo define como “susurrar el Evangelio al corazón de Asia”, una expresión, explica, tomada de un obispo indio, de Mons. Thomas Menamparampil. “Cuando lo escuché hace años, me llamó la atención de inmediato y entendí que describía bien la naturaleza del compromiso misionero en Mongolia y en los países asiáticos. Susurrar es un símbolo adecuado. El misionero no es vendedor y el Evangelio no es un producto para ser puesto en el mercado”. De hecho el nuevo prefecto apostólico es autor del libro “Susurrar el Evangelio en la tierra del eterno cielo azul”, reflexiones misionológicas sobre la evangelización en Mongolia (Sussurrare il Vangelo nella terra dell’eterno Cielo blu”, Urbaniana University Press).