El testimonio del misionero italiano secuestrado en Nigeria en octubre

OMPRESS-ITALIA (16-11-17) El 12 de octubre pasado era secuestrado en Nigeria el sacerdote misionero italiano Maurizio Pallù. Tras su liberación ha explicado al SIR, la agencia de la Conferencia Episcopal Italiana, que “tuve miedo, mucho, y he rezado mucho, y en aquellos días transcurridos en la selva he experimentado mi impotencia y el temor a morir. He hablado con el Señor y le he dicho: No estoy preparado para morir, pero si tú crees que este es mi momento, te confío mi vida. Dame la fuerza de morir y de ofrecer mi vida para la salvación de los hermanos que me la están quitando. Si crees, sin embargo, que deba estar todavía un poco más en la tierra, te ofrezco los años que quedan redoblando mi celo por anunciar el Evangelio. Y el Señor me ha escuchado”.

Este misionero del Camino Neocatecumenal, ha contado en la diócesis italiana de Grosseto, los dramáticos días de su secuestro en Nigeria, país en el que vive. Ordenado sacerdote en la diócesis de Roma, se encuentra en Nigeria desde el 2015. Vive entre dos comunidades neocatecumenales, la de Kaduna, ciudad de 2 millones de habitantes en el centro del país, y la de Calabar, en la frontera con Camerún. En los años 80 ya había estado en Nigeria como misionero laico y, en 2015, aceptó volver como sacerdote.

Tras su liberación, cinco días después de ser secuestrado, el 17 de octubre, volvió a Italia: “¿Si volveré a Nigeria? Espero que lo antes posible, y confío a la Virgen la continuación de esta misión. Como decía San Juan Pablo II, África es el futuro de la Iglesia y veo este momento favorable personalmente”.

Cuenta cómo el 12 de octubre iba en coche con una estudiante y un padre de familia nigeriano por la carretera de Abuya, la capital de Nigeria, a Benín City, donde tendían un encuentro. Cuatro bandidos armados de metralletas y machetes han salido de repente disparando. Los han sacado del coche y se los han llevado a la selva. Les hicieron caminar ocho horas. “He tenido miedo y he visto la muerte de cerca”. Sólo tenía en la mano una corona del rosario, proveniente de Fátima.

Al conocerse la noticia muchos se han puesto a rezar por él. Sobre todo, su madre, que vive en Florencia. “Ella ha reaccionado a la noticia de mi secuestro”, cuenta el misionero, “con una dignidad y una fe impresionantes”. Los secuestradores querían dinero, pero el misionero no tenía. El peor día fue el sábado 14 de octubre. Entre los secuestradores había uno especialmente violento. Pero con una conversación que ha tenido con el jefe de la banda, ha notado que las cosas cambiaban. Dos días después eran liberados. El sacerdote recordaba que no dejaba de rezar el rosario para aceptar el desenlace, fuera cual fuera.