OMPRESS-ALBANIA (6-02-18) La hermana Bardhe Gjini pertenece a las Hermanas Reparadoras Siervas de María. Trabaja en el jardín de infancia de Vlore, Albania, donde se acoge a más de 100 niños. Catholic News Service, la agencia de noticias de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos se ha entrevistado con ella. La historia de la hermana Bardhe forma parte de la historia de Albania, el país que se declaró “estado ateo” allá por 1967.

Bardhe se encontró por primera vez con su tía monja en 1993. Le asustó un poco que su tía y las otras monjas fueran vestidas de negro, como si fueran viudas. La futura monja tenía entonces 21 años y ni siquiera estaba bautizada.

Aunque en su momento le dijo a su tía que no sería monja, hoy la hermana Bardhe continúa con su legado. Su tía, Julja Gjoka, formó parte de una comunidad religiosa de cinco mujeres que vivieron su fe en secreto durante la época comunista. “La gente que las conoció decía que su carisma se mostraba a través del silencio”, cuenta la sobrina. “Su amor a Dios se mostraba a través de su silencio”.

Albania sufrió un duro régimen comunista desde 1945. El gobierno persiguió y asesinó a cientos de miembros del clero y a laicos. En 1967 se prohibió cualquier religión, se disolvieron los institutos religiosos y se deportó a sus miembros extranjeros. A los albaneses se los envío a sus lugares de origen, obligándoles a abandonar la vida religiosa.

En Vlore, cinco religiosas de la Siervas de Nuestra Señora de la Pasión de Shkodra optaron por desafiar la orden, a pesar del riesgo de ser asesinadas. Gjoka, la tía de Bardhe, fue la más joven de las cinco y aún no había hecho sus votos perpetuos. Las monjas siguieron viviendo en la vivienda de dos plantas unida a la Iglesia de San Luis. El gobierno destruyó el campanario de la Iglesia y la convirtió en un teatro. Las monjas cambiaron sus hábitos por la ropa negra de las mujeres que están de luto por una pérdida. Los cuadros de las paredes tenían por un lado temas comunistas y, por detrás, imágenes religiosas. También conservaban una imagen de la Virgen con un espacio secreto para la eucaristía. La hermana Bardhe, que recuerda la vida de su tía, dice que “eligieron a Jesucristo, y sabían que tenían que seguirlo sin que importara ninguna otra cosa.

Cuando en 1991 la libertad derrumbó el régimen comunista, misioneros de otros países acudieron en ayuda de la Iglesia de Albania y Gjoka pudo finalmente profesar sus votos perpetuos, tras 24 años de ocultamiento. Se reconstruyó la Iglesia, que se llamó de Santa María y de San Luis. La imagen de María les había hecho mantener fuerte su fe en tiempos difíciles.

En la primavera de 1993, Bardhe pasó un mes con su tía y entre los voluntarios y misioneros. Aquella experiencia influyó decisivamente en su vocación. Pasado un tiempo volvió a Vlore y le dijo a su tía que quería ser monja. Ni siquiera estaba bautizada. Nada la detuvo y en 1998 ya era religiosa. Su tía falleció en el 2011.