OMPRESS-GUIPÚZCOA (13-06-19) En la diócesis de San Sebastián y como preparación al Mes Misionero Extraordinario convocado por el Papa Francisco para el próximo octubre, todos los viernes primero de mes tienen lugar unas Vísperas Misioneras. Las últimas vísperas, en el Monasterio de las Brígidas de Lasarte, contaron con el testimonio que hizo llegar el misionero Justo Segura. Sacerdote de la diócesis guipuzcoana y miembro del Instituto Español de Misiones Extranjeras, ha dedicado toda su vida a la misión en Japón. He aquí el saludo del misionero que se leyó en la Vigilia:

“Antes de comunicaros estas cortas palabras de saludo y reflexión me gustaría comenzar con una corta oración y acabar también con una breve petición. ‘Dios y Padre misericordioso, que has creado para la humanidad una casa común de justicia y belleza singular, con culturas, religiones y lenguas, para que el ser humano te alabe y bendiga de manera multiforme y creativa. Tras distanciarse de tu amor, has querido atraer de nuevo a ti al ser humano a través de tu Hijo Jesucristo, y con el aliento del Espíritu Santo haces que el Evangelio sea escuchado en todos los rincones de la Tierra. Hoy te pedimos, Señor, que escuches y bendigas todos esos grandes deseos misioneros de nuestro Papa Francisco, y que el mes de octubre y todo este ano sea como un nuevo despertar dentro de la Iglesia, y que en cada uno de nosotros se reavive un gran entusiasmo hacia esa voz misionera del Espíritu’.

Me llamo Justo Segura, tengo 85 años, voy a cumplir el próximo marzo, el día 3, 60 años de vida misionera, los cuatro primeros años en Los Ángeles, California, de paso para el Japón y los otros 56 años en este queridísimo Japón. Todo este tiempo se me ha hecho cortísimo y apenas he podido hacer casi nada de tantas cosas que hubiera querido. Nunca me he sentido descontento ni desanimado; nunca he perdido el celo misionero, pero si veo que he sido un misionero insignificante. Hay tanto por hacer en este continente asiático…

Hoy, especialmente, quisiera dar muchas gracias a mi gran Seminario y a mi Diócesis de San Sebastián, pues fue precisamente ese seminario de San Sebastián el que incubó mi vocación misionera, el regalo más grande que Dios me ha dado en mi vida, allá por los años 1952-1956. Siempre me he sentido, y me sentiré hasta la muerte, un misionero vuestro y un a misionero enviado por vosotros. Mi decisión, y ya cuento con el permiso de mi Obispo Mons. Munilla, es la de acabar mis días en Japón, quiero ser misionero en tierra de misión hasta la muerte, y no me siento nada héroe, sino en mi caso, solamente consecuente con esta vocación, regalo de Dios, hasta el final. Lo cierto es que me costaría muchísimo alejarme de estas gentes. Nunca me he sentido más misionero que mis condiscípulos de San Sebastián, que han trabajado en Euskadi o en otras tierras de misión, pero tampoco me he sentido menos diocesano que ellos. Esta espiritualidad diocesana la he intentado vivir siempre con los sacerdotes diocesanos con quienes he trabajado siempre y ahora vivo.

Actualmente atiendo a dos comunidades de religiosas con unas 50 religiosas, la mayoría muy mayores como yo. Dos días a la semana paso a mi residencia diocesana donde probablemente acabaré mis días, está a unos 80 kilómetros de distancia de la comunidad en la que paso la mayor parte de la semana. Vivo contento. ¡Estoy muy agradecido a mi familia y a todos vosotros! GRACIAS

‘Bendice Señor, este inmenso continente asiático, tan rico en religiones culturas y Espiritualidades y que nadie se vea privado de la alegría de tu Evangelio. Rogamos a María que nos acompañe en este caminar y alentados por quienes hicieron de su vida Misión, como Francisco Javier y Juan de Ávila sepamos discernir con verdad y libertad las sendas por donde hoy nos pides construir y hacer vivo el Evangelio del Reino”.