TESTIMONIOS VOCACIONES NATIVAS

“MI SUEÑO MÁS GRANDE ES CONTRIBUIR A LA CONSTRUCCIÓN DE LA PAZ EN EL MUNDO GRACIAS AL ANUNCIO DEL EVANGELIO DE JESÚS”

Ángel de la Victoria es misionero javeriano y formador de misioneros en Yaundé (Camerún).

Marcelo Ávila nació en Brasil hace 36 años. Actualmente, se prepara para ser misionero y Ángel le acompaña en su formación.

Ángel:

“Fue en enero de 2013, estando en Chad, que me pidieron venir a Yaundé para acompañar a estos jóvenes en su proceso de discernimiento. No fue fácil aceptar y aún menos venir pero, al final, uno se da cuenta de que, si yo hoy soy misionero, es gracias a otros que dieron su tiempo y sus energías para invitarme a serlo. Así que, ¿cómo negarme a formar parte de esta comunidad de jóvenes que se preparan para ser futuros misioneros? Creo que es así como sigo diciendo SI al sueño de Dios.

El carisma misionero que nos dejó nuestro fundador San Guido M Conforti es un tesoro que vale la pena ser propuesto a otros, sin mirar el origen, la raza o la cultura de donde vienen. Nuestra tarea es hermosa y delicada, y consiste en acompañar a estos jóvenes para profundizar y purificar las motivaciones que les llevan a querer consagrarse. Ayudarles para que puedan hacer una elección libre, responsable y consciente. Es así como podrán vivir el espíritu misionero consagrándose para siempre y en favor de los más desfavorecidos y alejados, según nuestro carisma javeriano, diciendo SI al sueño de Dios”.

Marcelo:

“La historia de mi vocación comenzó en mi adolescencia, primero en el contexto familiar en el que nací -vengo de una familia muy religiosa, que me dio una sólida formación en los principales valores humanos y cristianos- y después a través de las actividades que he realizado en mi parroquia de origen.

Encontré a los Misioneros Javerianos en un curso de formación misionera y me identifiqué mucho con una frase que caracteriza la congregación: “hacer del mundo una sola familia”. Haber encontrado a los Misioneros Javerianos fue haber encontrado las respuestas más profundas a mi vocación y a mi propia historia.

Inicié mi formación con los Misioneros Javerianos en Brasil, pero tuve la dicha de ser enviado a Yaundé, donde estoy terminando los estudios de teología y preparándome para consagrar mi vida a Dios por siempre.

Mi sueño más grande como misionero es contribuir a la construcción de la paz en el mundo gracias al anuncio del Evangelio de Jesús, asumiendo el estilo de vida de los pobres, de los excluidos y de las personas que más sufren y dedicando toda mi vida al servicio del Reino de Dios. Esta vocación es la respuesta a una llamada, un sentirse enviado, y una aceptación a salir para predicar el Evangelio. En pocas palabras, es hacer el mismo camino que nuestro Señor y sus apóstoles hicieron.

El mensaje que me gustaría compartir con vosotros, especialmente con los jóvenes, es el de no tener miedo a decir sí al sueño de Dios. Este puede ser desafiante, exigente… a veces se encuentran dificultades, pero estoy convencido y os aseguro que existe una dimensión sagrada que me lleva a repetir siempre: nada fue en vano, todo vale la pena. Soy muy feliz y me siento realizado de haber respondido SI al sueño de Dios”.

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