OMPRESS-ROMA (25-03-20) Ayer se hacía público el mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones que en España se une a la Jornada de Vocaciones Nativas. Es un mensaje que el pasaje del Evangelio de Mateo sobre la tempestad calmada en el Lago de Tiberiades, con el que parece referirse el Papa no sólo a la vocación sino también a la pandemia que ahora sufrimos, que ha motivado que precisamente esta jornada se retrase hasta el 3 de mayo próximo.

La imagen de la travesía del lago – Jesús pide a sus discípulo que suban a la barca y lo precedan a la otra orilla del lago, ” evoca de algún modo el viaje de nuestra existencia”. Los discípulos, dice el Papa Francisco en este mensaje, “que están llamados a seguir al Maestro de Nazaret, deben decidirse a pasar a la otra orilla, apostando valientemente por abandonar sus propias seguridades e ir tras las huellas del Señor. Esta aventura no es pacífica: llega la noche, sopla el viento contrario, la barca es sacudida por las olas, y el miedo de no lograrlo y de no estar a la altura de la llamada amenaza con hundirlos”. Pero el Evangelio cuenta que Jesús “caminó sobre las aguas agitadas y alcanzó a los discípulos, invitó a Pedro a ir a su encuentro sobre las aguas, lo salvó cuando lo vio hundirse y, finalmente, subió a la barca e hizo calmar el viento”.

“La primera palabra de la vocación es gratitud”, señala el Papa. “Navegar en la dirección correcta no es una tarea confiada sólo a nuestros propios esfuerzos, ni depende solamente de las rutas que nosotros escojamos”, porque es el Señor quien nos da “la valentía para subirnos a la barca y nos indica la orilla hacia la que debemos dirigirnos”. Él se convierte en nuestro timonel. Por eso, “toda vocación nace de la mirada amorosa con la que el Señor vino a nuestro encuentro, quizá justo cuando nuestra barca estaba siendo sacudida en medio de la tempestad”.

Y es que “El Señor sabe que una opción fundamental de vida —como la de casarse o consagrarse de manera especial a su servicio— requiere valentía. Él conoce las preguntas, las dudas y las dificultades que agitan la barca de nuestro corazón, y por eso nos asegura: No tengas miedo, ¡yo estoy contigo!”.

Finalmente, cuando Jesús subió a la barca, el viento cesó y las olas se calmaron. “Es una hermosa imagen de lo que el Señor obra en nuestra vida y en los tumultos de la historia, de manera especial cuando atravesamos la tempestad”. El Papa concluye el mensaje animando a que cada cristiano “pueda descubrir con gratitud la llamada de Dios en su vida, encontrar la valentía de decirle “sí”, vencer la fatiga con la fe en Cristo y, finalmente, ofrecer la propia vida como un cántico de alabanza a Dios, a los hermanos y al mundo entero”.