OMPRESS-BRASIL (3-02-21) Es lo que cuenta desde Parintins, ciudad ribereña del Amazonas, la hermana Laura Cantoni, misionera de la Inmaculada Concepción, congregación hermana de los misioneros del Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras (PIME).

Lo cuenta a la agencia de noticias de la Conferencia Episcopal Italiana, SIR: “Hemos estado luchando con la nueva mutación del virus durante un mes. Si después del pico de junio, con 40 pacientes covid hospitalizados al día, el de 62 hospitalizados en septiembre parecía alto, en estos días seguimos batiendo todos los récords y estamos en 154, con 6 muertes en solo un día. Y el sistema de salud se ha derrumbado en toda la región”.

Es la alarma que da la hermana Laura Cantoni desde Parintins, en el Estado brasileño de Amazonas. “”Aquí la situación es catastrófica”, dice la misionera, directora administrativa del hospital propiedad de la diócesis, uno de los dos que hay en la ciudad. Como ya sucedió en Manaus, varios pacientes fueron trasladados a otros lugares.

“Todos los misioneros del PIME aquí se han infectado, menos el obispo Dom Giuliano Frigeni. Sin embargo, nadie ha tenido complicaciones, salvo el padre Enrico Uggè, que está recuperándose”, dice la hermana Laura, que se enfrenta a situaciones dramáticas todos los días, que retratan bien la situación actual de Parintins y la Amazonia brasileña. “La situación cambia constantemente y hay que intentar afrontarla con valentía y creatividad -escribe en una carta dirigida a su comunidad parroquial de origen-. El domingo tuvimos 13 madres positivas de covid al mismo tiempo, pero solo 8 camas. Mientras dos daban a luz, tres se fueron a casa y mientras tanto llevamos más camas a la habitación. Una solución que duró unas horas, porque otra llamada de auxilio urgente del hospital diocesano hizo que todo el personal se apresurara a trasladar a las madres nuevamente y crear una nueva enfermería covid y recibir a 9 pacientes más del hospital público, ¡el siguiente paso será poner hamacas!”.

“El drama humano es grande, médico pero también psicológico, de depresión, soledad, desesperación, miedo, rabia frente a un sistema de salud demasiado débil para los pobres, que no pueden pagar los hospitales privados. Pero también es una gran escuela de fraternidad: muchos prestan lo que tienen a los que más lo necesitan, se organizan en Facebook y WhatsApp para buscar pañales, medicinas”. La misionera cuenta que “las necesidades siguen siendo grandes y no se prevé una rápida disminución de la epidemia. En la ciudad han comenzado las vacunaciones, pero con un número tan reducido parece más propaganda que una medida sanitaria eficaz”.