OMPRESS-GHANA (19-07-19) En las calles de Tamale, una ciudad ghanesa de más de trescientos mil habitantes, se ve a niños y adultos discapacitados que se arrastran por el suelo usando manos y brazos. Los discapacitados en esas condiciones apenas se alejan de sus hogares. El resto del mundo, o de su ciudad, apenas existe para ellos. Al ver a estos “últimos entre los últimos”, el hermano Trevor Robinson, un misionero inglés de los Padres Blancos, la Sociedad de Misioneros de África, decidió dedicar tiempo y energía a mejorar sus condiciones de vida.

Reflexionando cómo remediar esta situación, el hermano Trevor diseño un triciclo como silla de ruedas que permitiera a las personas sentarse y mover los pedales con las manos para así tener movilidad. Del proyecto al primer prototipo se tardó poco. Gracias a voluntarios y donantes, comenzó a recuperar “material útil”, como partes de viejas bicicletas y otros desechos, comprando otras piezas en la capital de Ghana, Accra.

“Cuando empecé, pensé en convertir este triciclo en una oportunidad para los niños de la calle”, explicaba a la agencia Fides. “Les pedí a algunos que me ayudaran. Al principio producíamos unas diez por semana”, explica el misionero. El precio total de fabricar un triciclo para minusválidos ronda los 250 euros, pero para una persona discapacitada en Ghana esa cifra es demasiado alta. Y es que hay que comprar tuberías, neumáticos, material para soldar, pintura, piezas de bicicletas, asientos…

Fue en 1992, cuando se creó “el proyecto silla de ruedas”, ahora, además crean extremidades artificiales y aparatos ortopédicos. “Desde que empezamos”, explicaba el hermano Trevor en una carta a sus hermanos de congregación, “hemos fabricado más de 1.200 triciclos. Se les ha dado a hombres, mujeres y niños que son demasiado pobres para comprarlos. Algunas personas nos ofrecen un poco de dinero si lo tienen, pero en su mayor parte, quienes las reciben son demasiado pobres para pagar”

“En las áreas rurales”, escribía, “casi la mitad de las personas son extremadamente pobres… y, para aquellos que tienen discapacidades, sobrevivir cada día es un desafío”. El hermano Trevor sigue construyendo estos triciclos que “permiten que las personas tengan dignidad y puedan moverse de forma independiente y hacer lo que sea necesario para enfrentarse a los desafíos que enfrentan. Es un salvavidas para muchos que son tan desesperadamente pobres”.