OMPRESS-ROMA (21-10-19) En el ángelus de ayer el Papa Francisco habló de la actualidad de la carta de Benedicto XV Maximum illud que inspiró el Mes Misionero Extraordinario y recordó nuevamente que sólo en Cristo “está la salvación de cada hombre y de cada pueblo”.

“La Jornada Misionera Mundial, que se celebra hoy, es una ocasión propicia para que cada bautizado sea más consciente de la necesidad de cooperar en la proclamación de la Palabra, en el anuncio del Reino de Dios mediante un compromiso renovado. El Papa Benedicto XV, hace cien años, para dar un nuevo impulso a la responsabilidad misionera de toda la Iglesia promulgó la Carta Apostólica Maximun illud. Sintió la necesidad de recualificar evangélicamente la misión en el mundo, para que se purificara de cualquier adherencia colonial y quedara libre de condicionamientos de las políticas expansionistas de las naciones europeas.

En el contexto cambiante de hoy, el mensaje de Benedicto XV sigue siendo actual y nos estimula a superar la tentación de cualquier cierre autorreferencial y de cualquier forma de pesimismo pastoral, para abrirnos a la alegre novedad del Evangelio. En este nuestro tiempo, marcado por una globalización que debería ser solidaria y respetuosa de la particularidad de los pueblos, y en cambio todavía sufre de homologación y de los viejos conflictos de poder que alimentan las guerras y arruinan el planeta, los creyentes están llamados a llevar a todas partes, con nuevo ímpetu, la buena noticia de que en Jesús la misericordia vence al pecado, la esperanza vence al miedo, la fraternidad vence a la hostilidad. Cristo es nuestra paz y en Él se supera toda división, solo en Él está la salvación de cada hombre y de cada pueblo

Para vivir plenamente la misión hay una condición indispensable: la oración, una oración ferviente e incesante, según la enseñanza de Jesús proclamada también en el Evangelio de hoy, en la que cuenta una parábola ‘sobre la necesidad de rezar siempre, sin cansarse. Nunca’ (Lc 18, 1). La oración es el primer apoyo del pueblo de Dios para los misioneros, llena de afecto y gratitud por su difícil tarea de anunciar y dar la luz y la gracia del Evangelio a quienes aún no lo han recibido. También es una buena oportunidad hoy para preguntarnos: ¿rezo por los misioneros? ¿Ruego por los que se van lejos para llevar la Palabra de Dios con el testimonio? Pensemos en ello.

María, Madre de todos los pueblos, acompaña y protege todos los días a los misioneros del Evangelio”.