OMPRESS-UGANDA (10-01-19) Matteo Severgnini pertenece a los Memores Domini y, desde 2012, trabaja en Uganda, en donde es profesor y coordinador en la “Luigi Giussani High School” de Kampala. Matteo enseñó Historia y Filosofía durante seis años en una hermosa escuela en la provincia de Bérgamo: “Me vi diciendo que sí por la experiencia de plenitud y satisfacción que estaba viviendo en Italia”, explica. “Parece una paradoja, pero la alegría que tenía en mi corazón me hizo estar disponible de inmediato. Además, la propuesta llegaba de personas que son amigas mías y que me han enseñado a reconocer que la primera tierra de misión es siempre el propio corazón, allí donde el Misterio juega al gran juego de reconquistarme en cada instante. La curiosidad y el deseo de verificar todo lo que he recibido hicieron el resto”.

No le fue especialmente difícil dejar Italia, “fue como salir de casa para volver a casa. Todo ha sido y es una oportunidad para reconquistar la razón esencial por la que me fui y estuve en Uganda: Cristo. Recuerdo las palabras de Julian Carron antes de irnos: ‘Se vive y se parte para conocer más la propia vocación, porque nuestros hermanos y hermanas solo necesitan ver a uno que dice que sí y responde al Tú, ninguna otra cosa más. En tu vocación estás respondiendo a Aquel a quien el corazón del hombre, en toda latitud y longitud, desea. Hasta poder decir como decía Giussani: Cristo, vida de mi vida’”.

Dirigir una escuela en Uganda significa, ante todo, formar docentes y, en 2017, la “Luigi Giussani High School” se convirtió, por los resultados obtenidos, en la 76ª mejor escuela de entre las 1.652 instituciones de Uganda. Esta escuela tiene una historia particular: fue construida por las madres de los niños que la frecuentan. Esas madres, en su mayoría víctimas de violencia inhumana, de persecuciones, de los horrores de la guerra y pacientes con VIH, hicieron enormes sacrificios en el 2001 para crear collares con papeles de colores reciclados – tiras enrolladas como cuentas y luego impermeabilizadas con esmalte – de las que vendieron 48.000.

Ahora la escuela existe y funciona. “El lema que han adoptado los maestros es ‘enseñar es la forma adulta de aprender’”, explica Severgnini. “Esto realmente refleja de verdad el corazón del trabajo didáctico que estoy llevando a cabo: de hecho, uno no puede educar sin ser educado. En la “Luigi Giussani” no se golpea nunca. No es solo una política de la escuela, sino que nace de la nueva conciencia de que el hombre tiene una dignidad irreducible, y si cada uno descubre esto por sí mismo, también tratará a los que tiene frente a él con el mismo amor y respeto. Por eso, a la pregunta, planteada en un cuestionario a nuestros alumnos, sobre ‘¿Qué es lo que más te gusta de tu escuela?’, el 89% de nuestros chicos respondió: ‘La relación que tengo con los maestros. Hacen que me sienta siempre como en casa’”.