OMPRESS-BRASIL (14-07-20) Los misioneros del PIME, el Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras italiano, hablan desde Parintins, una ciudad ubicada en una isla del Amazonas, y de su lucha contra la pandemia. En un artículo de Bruno Desidera publicado en la agencia de la Conferencia Episcopal Italiana, se recoge el desafío ganado por los misioneros en esta zona de la Amazonia por la Iglesia local. Una Iglesia local, la de Parintins, que ha estado siempre muy vinculada a los misioneros del PIME, de hecho han sido todos de este instituto, los cinco que ha tenido desde que se fundara la diócesis en 1961.

Ante la pandemia, la diócesis de Parintins reaccionó “usando” todos sus recursos de manera inteligente, comenzando por el hospital diocesano y terminando con el bote que recorría las aguas transportando “bolsas de comida” hasta los rincones más remotos del bosque, donde habitan los pueblos indígenas. El obispo de la diócesis, Mons. Giuliano Frigeni explica: “Para nosotros, el Papa Francisco fue una referencia, entendimos que el problema principal era estar cerca de la gente, pero con prudencia y distanciamiento físico, lo que no es fácil en el territorio amazónico”.

En Parintins el covid-19 le ha quitado la vida a unas sesenta personas: “Hemos perdido a dos buenos médicos de nuestro hospital”, cuenta el obispo. En realidad, en Parintins, no fue necesario crear un hospital para la pandemia, porque hay dos, algo bastante raro en medio del Amazonas: está el del Municipio y el de la diócesis, fundado por el PIME, junto a otras instituciones y obras educativas. “Cuando llegaron los primeros contagios”, cuenta el obispo misionero, “nos hemos dividido las tareas con el hospital público. Allí irían los pacientes covid, y a nosotros todos los demás”.

Pero las cosas acabaron de modo distinto. Como explica la hermana la hermana Laura Cantoni, misionera de la Inmaculada – congregación femenina nacida del PIME – y directora administrativa del hospital: “en mayo nos dimos cuenta de que también nosotros teníamos personal y pacientes contagiados. Los tests eran poco y era necesario enviarlos hasta Manaus y esperar los resultados durante una semana. En esta situación no de que en el departamento de maternidad, casi la mitad de las pacientes, a punto de dar a luz, habían sido infectadas. En ese momento, no fue posible transferirlas al otro hospital. Tuvimos que separar a las pacientes y crear dos departamentos de obstetricia, el rosa para mujeres en aislamiento, y el otro, donde no había problemas. Afortunadamente, las mujeres y los niños están bien”.

Uno de los desafíos más importantes fue que el contagio no se extendiera, como ha ocurrido en otras zonas de la Amazonia, a la población indígena del interior. “Hasta ahora ha habido casos esporádicos”, dice la hermana Laura, “Pero las tres reservas indígenas del interior, donde viven en su mayoría indígenas del grupo étnico Sateré Mawé, han sido rígidamente selladas”. La falta de propagación del contagio entre las poblaciones nativas tiene un secreto: el misionero Enrico Uggè, que ha pasado 48 de sus 50 años de sacerdocio entre los indios. “Hizo el 95% del trabajo”, explicaba Mons. Frigeni. El padre Enrico, originario de Castiglione d’Adda, en la Lombardía italiana tan castigada por el coronavirus – de hecho allí ha perdido a un cuñado – explica su éxito: “Estamos hablando de un área de 7.700 kilómetros cuadrados, aproximadamente del tamaño de Liguria, con 10-12 mil indígenas distribuidos en unas 60 aldeas. A algunos no llegan los botes más grandes, sino solo las canoas. Las reservas ya se cerraron en marzo, pero lo fundamental es que las poblaciones locales no lleguen a las ciudades, Parintins y Barreirinha, para buscar comida”. Para evitarlo, el padre Enrico una distribución generalizada de bienes de primera necesidad que, de modo capilar, llegara hasta la aldea más remota.

“Recaudamos fondos y llevamos 900 canastas con alimentos básicos a través del bote-escuela San Pedro, y luego en canoa, hasta las aldeas más perdidas. Luego repetimos la operación por segunda vez, y ahora ya estamos en el tercer viaje. Pero además de la ayuda concreta, es esencial que los pueblos indígenas sientan que estamos cerca de ellos, que hay alguien que se acuerda de ellos, que se preocupa por su salud. Esto es algo fundamental”.