OMPRESS-BENÍN (19-12-18) César Borbolla es un misionero y sacerdote asturiano que a inicios de este mes cumplía un mes en la misión en Benín. Precisamente este agosto, cuando era párroco de Lastres, en su tierra asturiana, se le galardonaba con el “Manín de Honor”, un premio que otorga cada año el coro marinero Manín, para galardonar a personas o entidades cuyos valores merecen ser reconocidos públicamente.

De César reconocían su “capacidad de acogida, comprensión, orientación, apoyo y escucha a todos sus feligreses y, especialmente, a los más desfavorecidos”. Y le describían como “ejemplo de humanidad y dedicación, así como una referencia para todos los vecinos en valores como unión, comprensión, perdón y misericordia”.

Todo eso se lo ha llevado a Benín, y el mismo misionero cuenta sus vivencias tras un mes en la misión:

“Hoy hace un mes me recibía esta tierra de Benín con todo su calor (en el amplio sentido de la palabra) y creo que no ha pasado el tiempo o que sigo en una nube soñando, sin darme cuenta realmente de donde estoy. Ha sido seguramente el mes más intenso de mi vida, donde cada día es un regalo maravilloso que Dios me hace. Descubrir comunidades vivas, donde se ansía celebrar la Eucaristía, donde te reciben con una ilusión y calor, donde la misa si es una fiesta y donde los niños se te acercan primero con algo de temor y luego casi no te los puedes soltar. También descubrí el lado más negativo, la miseria más absoluta en un hospital donde los enfermos están por el suelo tirados, una cárcel africana donde metieron a 3 niños de no más de 12 años, en fin esto también es África. ¿Qué echo de menos? A las personas que aquí descubrirían que se puede ser muy feliz con poco. Agradecer a todos que mi sigáis por aquí, y sobre todo vuestras oraciones. Yo rezo por todos desde aquí, seguid haciéndolo por mí”.

 

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