OMPRESS-BOLIVIA (9-02-18) José Adolfo Sánchez Pintor, misionero de OCASHA-Cristianos con el Sur y de la diócesis de Ciudad Real. Licenciado en Derecho, ha cooperado durante 4 años en Tirúa, al sur de Chile, con la misión mapuche de la Compañía de Jesús. Su labor: acompañamiento pastoral de comunidades rurales mapuches; trabajo social en el “hogar de Cristo” y en comunidades campesinas. Llevó adelante el programa “conozca a su hijo”, en coordinación con el ministerio de educación de Chile.

Desde el 2010 es misionero laico de OCASHA-CCS y coopera en Bolivia, en la ciudad de El Alto – por encima de los 4.000 metros de altitud – en un proyecto del Servicio Jesuita para Refugiados y Migrantes (JRS). Allí conoció a su esposa, Milenka, y allí nació nace su hija Nieves Victoria, hace un año y medio. Una familia misionera que forma el equipo de OCASHA-Cristianos con el Sur en El Alto.

El proyecto de JRS tiene por nombre “Jóvenes Rompiendo Fronteras”. A través de él se ocupan de la atención socio-pastoral del territorio que abarca la capilla Virgen del Carmen de la parroquia Santa María Madre de los Pobres. El objetivo es la educación intercultural en el contexto migratorio. Su labor es principalmente la coordinación del programa, lo que supone talleres de educación no formal en colegios, parroquias y centros sociales; acompañamiento de los jóvenes; preparación de encuentros y actividades de tiempo libre; acompañamiento también de jóvenes universitarios o que ya han terminado el colegio; sensibilización a la población en general sobre la interculturalidad y la migración; actividades relacionadas con el proyecto en la misión trifrontera de la Compañía de Jesús (Bolivia, Chile, Perú).

En una entrevista en el Diario de la Mancha, José Adolfo señalaba que “el misionero debe ser una persona comprometida con la realidad social a la que va a ir y con las personas con las que va a convivir”. De su diócesis de origen, Ciudad Real, cuenta que está “muy sorprendido y agradecido… son personas muy solidarias, que cuando se necesitan ahí están… que se sientan parte del trabajo que Milenka y yo estamos realizando, parte de la alegría y la compañía que brindamos a estos niños y jóvenes… esta misión no la podría hacer sin el apoyo de la Diócesis de Ciudad Real”.

José Adolfo lleva ya 8 años en El Alto. Resume su experiencia misionera hasta hoy como “paz y felicidad. Me siento muy afortunado de poder decir que allá donde he estado Dios ha puesto en mi camino maravillosas personas con unas historias de superación increíbles”.

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