OMPRESS-JERUSALÉN (18-02-21) “En mis más de 50 años en Tierra Santa, he conocido 8 guerras y dos intifadas. Pero nunca ha sido como ahora”, dice el padre franciscano Artemio Vítores, que escribe desde una Jerusalén sin peregrinos.

“El ‘don de la paz’ fue el primer regalo de Cristo resucitado en el Cenáculo y los Apóstoles estuvieron muy felices al ver a Jesús. Espero que esa misma alegría nos la proporcione la vacuna Pfizer para bloquear el covid-19 y a ver si terminamos con la pandemia que nos está asaltando sin parar. ¿Cómo va la vida? Yo estoy muy bien. El 5 de febrero de 2021 recibí la segunda dosis de la vacuna (la primera fue el 15 de enero), sin problemas y a todos nos dieron un buen café. El lugar en donde nos vacunamos se llama ‘País Arena’, así como suena. Aquí llevamos un ritmo de vacunación muy alta y parece que, por fin, también los palestinos se vacunarán.

La vida sigue adelante. Comenzamos la Cuaresma, la preparación para la Resurrección del Señor. Cuaresma recuerda los 40 días que pasó Jesús en el Desierto haciendo un ayuno total. Ahora parece que nos repetimos y hablamos continuamente de la ‘Cuarentena’, aunque sean menos días, pero sin parar. Aquí, en Tierra Santa, las cosas son siempre especiales. Sabes que los orientales usan aún el Calendario Juliano, el antiguo; los católicos pasamos al Gregoriano, el reciente. Bueno, puesto este año, tenemos programas especiales: nosotros celebraremos la Pascua el 4 de Abril y los orientales el 2 de Mayo. Es decir 28 días más tarde que nosotros. Es siempre difícil encontrarse en Jerusalén.

Yo sigo con mis libros. Dentro de poco se publicará: ‘Jerusalén, la Madre de todos los cristianos’, sobre el Ecumenismo, la relación con las demás iglesias cristianas. Y sigo trabajando en el próximo, que tratará del diálogo interreligioso, entre judíos, cristianos y musulmanes. Muy complicado, pero es un mundo fascinante, para todos. Por ahora sólo se encuentran en Jerusalén.

¿Cómo va la vuelta de los peregrinos? Dentro de un mes se cumplirá un año desde mi último encuentro con ellos. Si antes, en 7 meses había encontrado a más de 10.000, ahora en casi un año, ninguno. No lo digo sólo por mí y por los frailes, que ello está trayendo una crisis muy fuerte, y no sólo económica. Lo digo, sobre todo, por los cristianos, judíos y musulmanes que viven también de ellos. Es una situación muy dramática, porque, sobre todo, estamos encerrados. En mis más de 50 años en Tierra Santa, he conocido 8 guerras y dos intifadas. Pero nunca ha sido como ahora. Las guerras duraban poco, y luego todo volvía a la normalidad. En la segunda Intifada, estuvimos casi 5 años que no venían peregrinos, pero la gente se podía mover y aún mismo viajar.

Ahora… Oremos al Señor, y a María, su Madre y nuestra Madre, que no nos abandonará nunca. María es Santa María de la Esperanza: Ella es signo de segura esperanza y de consuelo para cada uno de nosotros. La glorificación de María es un antídoto contra la visión que reduce todo a este mundo terreno, sin preocuparse de lo más importante: Los bienes eternos. Hay un futuro de gloria que Dios nos tiene reservado: María ya lo ha conseguido. Ella vive en la nueva Jerusalén. Ella es un signo de consuelo para el cristiano que peregrina por este mundo, que es muy a menudo un valle de lágrimas. Dios consuela a su pueblo como decimos en la Salve: ‘A ti clamamos los desterrados hijos de Eva, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. ¡Ea, pues, Señora, abogada nuestra!’. Rezad por nosotros, en especial por mi hermana Celia, que está bien, pero sola. Yo no os olvido nunca en mis oraciones”.