OMPRESS-MADAGASCAR (5-05-20) El misionero paúl Pedro Opeka, conocido por su increíble labor de ayuda a los más necesitados, celebraba una misa desde el alto de Akamasoa, desde donde se abarca toda la capital de Madagascar. Fue el pasado domingo, el Domingo de la Divina Misericordia, el 19 de abril, y como decenas de miles de sacerdotes católicos en todo el mundo, el misionero tuvo que celebrar en la misa en las especiales condiciones motivadas por el coronavirus. Y lo quiso hacer en el alto de Akamasoa donde, hace pocos meses, el papa Francisco celebraba su encuentro con la comunidad local. Desde ella se abarca con la mirada toda la ciudad.

El pueblo, aunque no podía acercarse masivamente a celebrar, asistió, de alguna manera, al sacrificio eucarístico que el misionero paúl celebró, pidiendo la misericordia divina y una pronta solución a la epidemia global. Es en Akamasoa donde se levanta la “Ciudad de la Amistad”, una ciudad levantada en medio de un basurero abandonado, donde había una barriada de chabolas precarias y hoy se levantan casas de ladrillos y todos ayudan a todos. Akamasoa significa en malgache “buenos amigos”, y desde que llegó el misionero a este lugar en eso se ha convertido este lugar. Conoció la desesperación y la pobreza de las personas que vivían en los basureros, fundó la “Ciudad de la Amistad”, poniéndose él el primero con un martillo y sus propias manos a construir. Hoy 25.000 personas viven allí.