OMPRESS-BRASIL (25-05-20) La misionera de la Inmaculada Valeria Opreni habla desde la capital de la Amazonia brasileña, Manaus, sobre pobreza, pueblos indígenas y pandemia. Una gran metrópoli en el corazón de la Amazonía. Así es Manaus, que ahora sufre la pandemia del covid-19, que sorprendió a toda la población, especialmente a los pobres y a los inmigrantes haitianos y venezolanos. Una pandemia que ha sorprendido a las estructuras sanitarias, del Estado y del municipio, completamente inadecuadas. La pandemia la están sufriendo hasta 46 de los 63 distritos de la ciudad, capital del Estado de Amazonas, el más extenso de Brasil. “Ahora estamos en el pico de la contaminación, hay alrededor de 65/70 muertes al día, pero la proyección para este mes de mayo es un total en Manaus, de más de tres mil muertes. Es por eso que los periódicos italianos han mostrado las fosas excavadas en nuestros cementerios para enfrentar esta tragedia”.

Quien habla es la misionera italiana Valeria Opreni, de las Misioneras de la Inmaculada. Esta ciudad, Manaus, la ha visto crecer durante los 36 años que lleva en Brasil, con “un aumento anual de aproximadamente 65 mil personas que provenían del interior del Estado y de otros Estados. Un flujo humano con consecuencias dramáticas para quienes llegaban teniendo que vivir en situaciones degradantes y con muchas otras tristes consecuencias”, cuenta la hermana a las Obras Misionales Pontificias de Italia. Sor Valeria vive los días dolorosos de esta ciudad donde se cuenta a la baja el número de muertos, como admite el mismo alcalde Arthur Virgilio Neto, quien dijo que “aquí, como en el resto de Brasil, existe el triste fenómeno de hablar de ‘muertos por causa indeterminada’, es un absurdo”. Hasta hace unos días, más de seis mil personas estaban en aislamiento domiciliario, unas 500 hospitalizadas en las salas especiales y menos de 200 en salas de reanimación. Muchos esperan los resultados de las pruebas, mientras se pide a ayudar a la Universidad Federal para entender que está ocurriendo en este Estado.

“Incluso nuestro arzobispo, Leonardo Steiner advierte a la población que evite exponerse a la infección”, dice la hermana Valeria, pero desgraciadamente, los que viven en los vecindarios más pobres y superpoblados no tienen la posibilidad de comprar grandes cantidades de artículos de primera necesidad sin salir de casa. Cuenta que esta situación se agrava aún más en el caso de la gran cantidad de familias que viven de trabajos precarios, porque la crisis de covid-19 también se ha convertido en un desastre económico. En cualquier caso, no existe un mínimo control por parte del Estado o el municipio y todo queda bajo la responsabilidad personal. “La pandemia del coronavirus se ha sumado a los numerosos casos de enfermedades tropicales como el dengue que, especialmente ahora, en la temporada de lluvias, cosecha muchas víctimas”, añade. La situación más grave es la de los pueblos indígenas, “si pensamos en la falta casi total de centros de atención médica y hospitales en la inmensa extensión de las regiones de la selva. Las redes sociales denuncian la presencia abusiva, en estas zonas, de miles de buscadores de oro y piedras preciosas, y devastadores con fines de lucro, que exponen a los pueblos indígenas al contagio. Desgraciadamente, en general, las autoridades no intervienen, en detrimento de las vidas de muchos líderes comunitarios indígenas y no indígenas”. Según los datos más recientes de la Red Eclesial Panamazónica (REPAM) en la región que cubre nueve países, ha habido un total de 92.870 casos confirmados, con 5.346 fallecidos.

La hermana Valeria continúa con su tarea misionera entre la gente de Manaus con mayor vigor: “En este período de pandemia en el que hemos suspendido todas las actividades pastorales, nos concentramos en el trabajo de caridad colaborando con las Caritas diocesanas y parroquiales. Hay innumerables situaciones de escasez y necesidad, familias al límite, también se necesita apoyo psicológico. La gente vive la pandemia con sentimientos que van desde la confianza en la providencia de Dios hasta el miedo al contagio. La ansiedad se convierte en una profunda angustia, poniendo en riesgo la salud mental de la persona y de la sociedad, atacada por un virus desconocido que amenaza a toda la humanidad”.