OMPRESS-INDIA (4-03-21) La Delegación de Misiones de Málaga comparte el testimonio misionero de la hermana Conchi, que desde la India cuenta la labor que llevan adelante ella y su comunidad religiosa, manteniendo la sonrisa a pesar de las situaciones muy duras.

“Hola, mi nombre es Conchi Villanueva, soy hermana Trinitaria y llevo destinada en Kerala (India) desde 2016. La experiencia de Dios en mi vida durante estos años en India se ha caracterizado por una profunda confianza y abandono por mi parte en sus planes para conmigo.

Aquí la fe se vive de otra manera, ¡todo es tan diferente!, para empezar la lengua (Malayalam), el rito en el que se celebra la eucaristía, las costumbres, cultura… la espiritualidad… pero Dios misericordia es el mismo para todos.

Nuestra misión aquí se caracteriza por el apoyo económico a las familias más pobres y desestructuradas en lo referente a la educación de sus hijos, para ello tenemos un proyecto de apadrinamientos donde padrinos y madrinas de España hacen una donación anual con la cual se ayuda a estas familias tan necesitadas. Se ven situaciones muy duras, pese a que el Estado de Kerala no es uno de los más pobres India, se te parte el alma cuando ves familias que no tiene ni para comer lo mínimo, que viven hacinados, que la situación es tan precaria que clama al cielo, como en pleno siglo 21 podemos seguir permitiendo que se den estas situaciones de precariedad. Por otro lado colaboramos con la guardería de la parroquia, que a decir verdad, es una bendición poder estar en contacto con los pequeños del barrio, pues a pesar de no saber la lengua, nos une un profundo amor.

Siempre con una sonrisa en los labios, siempre dispuesta a abrazarlos, a jugar con ellos, a ser lo más cercana posible… y esto hace que las barreras de la lengua se disipen y solo queden sonrisas y buenos momentos de juego. Cuando salgo de visitar a las familias, siempre permanezco callada por largo rato, me cuesta tanto aceptar, me siento tan impotente… y solo una idea ronda en mi mente, ¡Ahora quéjate! y no puedo más que guardar silencio y pedirle a Dios que nos fortalezca para que podamos seguir ayudando a estas familias.

Como hermanas trinitarias, nuestra misión es la de la promoción de la mujer, y más en concreto de la joven, por ello tenemos además una residencia social en casa, donde ofrecemos no solo un espacio para vivir, sino también acompañamiento y la posibilidad de que tengan una guía en sus vidas que les haga despertar y apostar por su formación y promoción en un país donde la mujer aún cuenta solo para tener hijos, donde se siguen concertando matrimonios y se ve muy mal las parejas que se casan enamorados de verdad. Un abrazo a todos y recen por nosotras”.