Un tiempo de dolor como este nos hace querer encontrar un sentido a lo que estamos viviendo. Como Iglesia misionera, podemos incluso experimentar el desconcierto de vernos encerrados en casa, al poco de haber vibrado redescubriéndonos “Bautizados y enviados”. El Señor “nos ha puesto las pilas” con el Mes Misionero Extraordinario del pasado octubre, pero ahora no podemos movernos.

¿Vamos a preguntar, como los israelitas en esa lectura que escuchábamos hacia el final de la Cuaresma, “por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto”? ¿O vamos a confiar en que Dios nos ha hecho tomar fuerzas con el Mes, precisamente para poder afrontar mejor, en clave misionera, esta espera y la posterior salida, que necesitará estar cargada de tanta esperanza y amor al mundo?

Tal vez convenga que nos planteemos para qué puede servirnos este permanecer detenidos, justo cuando acabamos de recordar que estamos hechos para la misión. Al vernos quietos así, sentimos que “hay que hacer algo”, pero no “lo de siempre” ni “cualquier cosa”. Necesitamos poner en marcha algo nuevo, una nueva etapa del camino misionero, y desde unas claves también nuevas, como Francisco nos está pidiendo.

Esta es una ocasión —dura, pero también de gracia— para experimentar que, aunque estemos “aislados y confinados”, somos “bautizados y enviados”. Aislados estaban Teresa, en su convento de Lisieux, y Francisco de Javier, agonizante, en una isla perdida frente a las costas de China. Cada uno de nosotros es siempre misión en la misión de la Iglesia. Por eso, también hoy podemos amar sin límites, rezar, ayudar económicamente: cada gesto de caridad repercute más allá de cualquier frontera; cada rosario misionero da la vuelta a la tierra; y ahí están, por ejemplo, el Fondo de Emergencia de OMP Covid-19 y la necesaria aportación para las Vocaciones Nativas, ahora que la colecta del 3 de mayo no va a poder celebrarse presencialmente en nuestros templos.

“«La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón». Se refiere a la palabra de la fe que anunciamos” (Rom 10,8b). La misión está cerca de ti, de cada uno de nosotros. Tiene la amplitud del mundo, pero está muy cerca. Y, de algún modo, #AhoraMásQueNunca.