OMPRESS-SENEGAL (2-06-20) El lunes de Pentecostés, año tras año, miles de peregrinos se daban cita en el santuario de la Virgen en Popenguine, Senegal, aunque ayer no fue así y Nuestra Señora de la Liberación sufrió ella también las consecuencias de la cuarentena. Sólo un pequeño grupo se reunió en torno a Mons. Martin Boucar Tine, obispo de Kaolack, la diócesis en donde se encuentra el santuario.
La Iglesia en Senegal hacía no obstante un llamamiento a todos los fieles para que cada casa fuera una “réplica de la de Isabel y Zacarías, para recibir la visita de María”, se leía en una carta del 22 de mayo, en la que se hablaba de la lógica suspensión de la peregrinación. Ayer, a través de la televisión y las redes sociales, se hizo un esfuerzo para ayudar a que todos, de alguna manera, estuvieran presentes ante la Virgen, todos bajo el lema “Santa María Virgen, muéstranos el camino hacia la santidad”. La peregrinación, desde Dakar, la capital de Senegal, a unos 50 kilómetros de Popenguine, comenzaba siempre con una Misa de envío y era, por turno, una de las 7 diócesis senegalesas la encargada de animar las celebraciones. Así ha sido desde 1890, cuando se puso la primera piedra del Santuario, que alberga la imagen de la “Virgen negra”, que acogió bajo su mirada la primera peregrinación. Su construcción no se completó hasta 1988 y, en 1992, recibió la visita de Juan Pablo II. La advocación de la Virgen en Popenguine, es Nuestra Señora de la Liberación (Délivrande en francés), que tiene un carácter simbólico muy importante en un país que sufrió la lacra de la esclavitud. De hecho, desde sus orígenes, el santuario ha estado muy unido al Santuario de Morne-Rouge, también dedicado a Nuestra Señora de la Liberación, en la isla caribeña de la Martinica, y con el Santuario de Fátima. Un triángulo de reparación entre tres continentes por la vergüenza del comercio de esclavos.