OMPRESS-BRASIL (24-11-20) La hermana Cavalcanti, de la Congregación de las Hermanas de la Caridad, trabaja en el barrio Marco de la ciudad brasileña de Belém do Pará. La Iglesia brasileña ha dado a conocer su experiencia en el Día Internacional contra la Explotación Sexual y la Trata de Mujeres y Niños. La hermana Marie Henriqueta Ferreira Cavalcanti lleva adelante su misión en la parroquia de Nossa Senhora da Imaculada Conceição, en el centro de este barrio. Antes trabajó en São Paulo, donde junto a otras hermanas puso en marcha un centro de acogida para niños vulnerables, que dirigió durante algunos años. Por su labor ella y varias hermanas recibieron amenazas y ataques.

Además de su labor “de a pie”, coordina uno de los ejes de acción de la Comisión Justicia y Paz de la Iglesia brasileña en los estados de Amapá y Belém, que no es otro que el enfrentarse a la violencia sexual y al tráfico de persona. La hermana explica que en esta zona de Brasil el flujo de la explotación sexual y del tráfico de personas es muy intenso.

La hermana Cavalcanti cuenta que se reciben denuncias de cómo se trafica con niños a cambio de alimentos, o de sumas de dinero ínfimas, o un poco de combustible diesel. “Desgraciadamente tenemos un gran número de niños de la región ribereña que son explotados y vendidos como objetos en una forma de mercantilización perversa”, y contaba que una de las formas de de trata de personas es la desaparición y explotación sexual de niños. Por eso dedica su vida a rescatar a niños y adolescentes vulnerables.

La hermana, al igual que todos los que trabajan desde la Iglesia en la Comisión Justicia y Paz, no ha dejado de enfrentarse a este crimen en defensa de las personas que sufren esta práctica criminal tan cruel. No dudan, entre otras cosas, en dar seguimiento a los planes de acción y políticas públicas que combaten la violencia sexual y la trata de personas que existen en el Estado de Pará. Están presentes en los comités, integrados por la sociedad civil y los organismos estatales: su papel, dice la hermana Cavalcanti, también es exigir políticas que enfrenten el problema y asistan a las víctimas de estos delitos. Se trata de promover y dar visibilidad, explica la religiosa, los derechos de niños y adolescentes, de hacer que los poderes públicos pongan fin a estas prácticas criminales, que se evite que el Estado y la sociedad adopte una postura de omisión ante la situación de personas que están en los rincones más lejanos de esta sociedad.

“Solo le pido a Dios la gracia de la salud y la capacidad de entregar mi vida hasta las últimas consecuencias”, decía en una ocasión la religiosa, “aunque un día me exija entregarla brutalmente por quien sea, pero no puedo callarme ante el dolor y el sufrimiento de nadie; así que si hay que morir, prefiero morir, pero no me callo”.