“Procedo de Palencia, pero llevo entre Chile y Perú ya 31 años. Mi trabajo principal aquí en Perú ha sido, en los últimos 9 años, en la animación misionera de mi congregación comboniana y en colaboración y sintonía con las OMP. La pastoral también ocupa un lugar destacado en mi actividad misionera, concretamente en una parroquia en Chorrillos, barrio marginal de Lima donde apoyo las actividades pastorales los fines de semana.

En estos meses de pandemia del Coronavirus, la situación nos ha obligado a parar casi todas nuestras actividades, pero hemos seguido con los actos litúrgicos on line, al igual que la mayoría de parroquias y entidades religiosas aquí, en Perú. Esta situación de pandemia sigue causando grandes estragos y mucho dolor en gran parte de la humanidad, especialmente en estos países, que no estaban preparados para una enfermedad como esta, donde la precariedad, la informalidad y la pobreza están causando muchas muertes, con mucho dolor, nunca antes experimentado. Realmente a uno se le cae el alma a los pies -como decimos por mi tierra- cuando vemos, in situ, la extrema pobreza y el sufrimiento de la gente por sobrevivir en medio de esta situación creada por el virus.

No sabemos cuándo terminará todo esto, pero lo que sí se vislumbra ya es que quedarán grandes secuelas de pobreza generalizada, y mucha gente verá mermadas sus perspectivas de una vida digna. Ante esta situación, pienso que la vida misionera de la Iglesia tiene que cobrar más fuerza, especialmente en estos ambientes donde la dignidad humana está por los suelos.

El Papa nos recuerda, en los últimos documentos a las OMP y a sus directores, que la misión de la Iglesia hoy es más urgente, por la misma situación de pobreza y abandono que se ha creado en gran parte del mundo a raíz de la pandemia.

Los últimos, los descartados, como los llama Francisco, deben ser ahora, con mayor motivo, los preferidos de los misioneros, especialmente de los misioneros ad gentes. En el mensaje para el DOMUND 2020, el Papa nos recuerda esta situación de dolor por la que está pasando una buena parte del mundo: “Comprender lo que Dios nos está diciendo en estos tiempos de pandemia, también se convierte en un desafío para la misión de la Iglesia. La enfermedad, el sufrimiento, el miedo, el aislamiento, nos interpelan. Nos cuestiona la pobreza de los que mueren solos, de los desahuciados, de los que pierden sus empleos y salarios, de los que no tienen hogar ni comida”.

Ante esta situación nueva de mayor pobreza que se está gestando aquí en Perú, pienso que nosotros, los misioneros, debemos dar un paso adelante para reorientar nuestras actividades pastorales y nuestro compromiso de ayuda a todas esas gentes que lo han perdido todo: el empleo, los ahorros… y ahora viven de la solidaridad de los buenos cristianos. Muchos se han visto obligados a regresar a sus lugares de origen en la sierra o en la selva buscando sobrevivir. Allí no han encontrado mejor situación económica, solamente el reencuentro con algunos familiares.

El Perú se está preparando para celebrar el próximo año 2021 el bicentenario de su independencia, pero las perspectivas de mejor bienestar y de reducción de la pobreza que se habían trazado, parece que quedarán estancadas o en retroceso.

Yo personalmente, pienso que nosotros, los misioneros, tenemos un reto de mayor solidaridad con estos países latinoamericanos, que están siendo golpeados  en estos momentos muy fuertemente por el Coronavirus. Ojalá que  vuestra solidaridad, que agradecemos mucho,  siga echándonos una mano para hacer de nuestra presencia aquí un servicio desinteresado a la misión de la Iglesia”.

Colabora para que los misioneros puedan seguir ayudando a quienes más lo necesitan.