OMPRESS-ROMA (3-09-19) Mañana empieza el Papa Francisco su viaje apostólico a Mozambique, Madagascar y Mauricio, tres países que visitará hasta el próximo 10 de septiembre y que ya fueron visitados por Juan Pablo II en 1988 y 1989. Desde entonces y en parte, gracias al impulso de aquellas visitas y a la labor de la Iglesia, muchas cosas han cambiado.

Mozambique, país pacificado gracias, en parte, a la mediación de la Comunidad de San Egidio y del futuro cardenal Matteo Zuppi. La paz se firmó en 1992 en Roma, pero no ha sido hasta el mes pasado cuando se ha firmado un acuerdo para poner fin a la violencia que seguía latente en el país. El mismo Santo Padre, en un mensaje que dirigió a los obispos mozambiqueños, les decía que quería ir a recoger los frutos de la visita de esperanza, paz y reconciliación realizada en septiembre de 1988 por San Juan Pablo II. Además esta visita significa mucho para un país que sufrió las consecuencias del huracán Idai, con numerosos fallecidos y miles de personas afectadas.

En cuanto a Madagascar, en un mensaje en vídeo el Papa Francisco enviaba un saludo al pueblo malgache, agradeciéndoles “todo lo que estáis haciendo para preparar mis visita. Sobre todo agradezco vuestra oración”. Y es que el país se ha volcado en ello. No sólo los católicos, también otras confesiones cristianas y los fieles musulmanes han colaborado en esta preparación. El país sufre una pobreza endémica, aunque cuenta con una gran potencialidad. Su población es muy joven. De sus 24 millones de habitantes el 53% tienen menos de 20 años. La Iglesia goza de un gran respeto y estima, además de autoridad moral, por su compromiso en la educación, la sanidad y la ayuda a los más necesitados sin importar su religión. Algo muy apreciado porque en muchas zonas del país la población viven bajo el umbral de la pobreza y todavía hay enfermedades endémicas como la lepra.