OMPRESS-MADRID (10-05-19) Este domingo 12 de mayo se celebra la Jornada de las Vocaciones Nativas junto a la Jornada Mundial de Oración por las vocaciones. Es la cita anual con las vocaciones en los países de misión, que las Obras Misionales Pontificias llevan apoyando desde hace más de 100 años gracias a la generosidad de miles de fieles católicos. Estos fieles ven en las vocaciones sacerdotales y religiosas el futuro de la Iglesia. Y es así.

Jeanne y Stephanie Bigard, dos mujeres laicas de Normandía – la tierra de Santa Teresa de Lisieux, la patrona de las misiones – fundaron la Obra de San Pedro Apóstol, porque también creían que las vocaciones son la mejor “inversión”. Fue en 1889, y el primer seminarista al que apoyaron fue un joven japonés del seminario de Kioto. El pasado año la Obra de estas dos mujeres, acogida por el Papa como “Pontificia” e integrada en las Obras Misionales Pontificias, ayudaba a nada menos que 28.563 seminaristas mayores, 4.599 novicias y 2.166 novicios.

Son 21.512.405 de euros enviados a los territorios de misión (la totalidad de África, gran parte de Asia y varias de las diócesis más remotas y pobres de América). Son aportados en la Jornada de Vocaciones Nativas, gracias a legados y herencias y a través de la financiación de becas. Así una beca completa, de 2.000 euros, financia seis años de formación, una media beca, 1.000 euros, tres años, y 350 euros, financian un curso académico de un seminarista o novicio o novicia.

No se trata de “pagar” los gastos de estos jóvenes, que en los noviciados y seminarios, muchas veces tienen, junto a sus libros de texto, una azada para trabajar en la huerta, y cuentan con el apoyo económico de sus propias familias. Es más bien unir dos generosidades, la de aquí, económica y financiera, más limitada pero entregada con amor, y la siempre misteriosa e inconmensurable generosidad de un joven que dice “sí al sueño de Dios”, el lema de esta jornada del domingo.