UNA LLAMADA QUE RESUENA EN TODO EL MUNDO

Rafael Santos

Director de Illuminare

Contemplar a la vez las vocaciones en nuestras Iglesias locales y en las de los territorios de misión es un buen modo de descubrir sus ingredientes comunes y sus peculiaridades. Esta doble perspectiva de la vocación nos ayuda a comprender que la atención a la propia Iglesia y el sentido de Iglesia universal son las dos caras de una misma moneda. Precisamente porque sabemos estimar en lo que vale la presencia entre nosotros de un sacerdote, una religiosa o un religioso, podemos entender mejor la importancia que tiene para las Iglesias más pobres el que las vocaciones surgidas en ellas lleguen a culminar su camino, poniéndose al servicio de todos.

Hablamos de Iglesias jóvenes, sembradas con el sudor —y muchas veces, la sangre— de los misioneros; Iglesias nacientes que necesitan nuestro apoyo para afrontar múltiples dificultades añadidas, derivadas de la falta de recursos, y así conseguir que sus muchos candidatos a la vida sacerdotal y religiosa puedan completar su adecuada formación. Del mismo modo que somos responsables de velar por las vocaciones surgidas en nuestras comunidades, lo somos también de estas otras vocaciones locales de la geografía misionera.

Desde esta conciencia de que todas las vocaciones del mundo son “cosa nuestra”, en 1889, una laica francesa, Juana Bigard, y su madre, Estefanía, pusieron en marcha la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol, una iniciativa de la Iglesia universal que no cesa de ayudar a los seminaristas, novicios y novicias de los territorios de misión. El 22 de abril, IV Domingo de Pascua, podemos ayudar de un modo especial a esta causa, enmarcando nuestra ayuda económica —dirigida a estas vocaciones nativas, más necesitadas materialmente— en el contexto de la oración que la Iglesia eleva en el mundo entero por todas las vocaciones, las de aquí y las de allí, las de cerca y las de lejos.

Es, por eso, muy significativo que la Conferencia Episcopal Española, la Conferencia Española de Religiosos (CONFER) y Obras Misionales Pontificias, a través de dicha Obra de San Pedro Apóstol, hayan hecho causa común para celebrar conjuntamente la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la Jornada de Vocaciones Nativas. El lema unitario elegido para este día, “Tienes una llamada”, es una frase sencilla y mil veces oída en nuestro discurrir cotidiano, pero que aquí responde a esa situación vital única que es identificar y acoger la vocación con que el Señor llama a cada uno —en algunos casos, para seguirle a través de una vida de especial consagración— y darle una respuesta. Una llamada para la que no existen fronteras y con la que Dios alcanza también el corazón de numerosísimos jóvenes de las Iglesias que aún necesitan consolidarse.

Merece la pena que esta convocatoria —iluminada por el Mensaje del papa Francisco titulado Escuchar, discernir, vivir la llamada del Señor— sea vivida con ese sentido de comunión eclesial y en clima de oración. Ojalá todos, con los jóvenes a la cabeza y con la ayuda indispensable que nos ofrece la comunidad, nos determinemos a cortar con el ruido ambiental y el aislamiento en nuestro pequeño mundo, para poner toda nuestra atención en Dios, protagonista y origen de la llamada y de la correspondiente misión.