CIEN AÑOS DE JUVENTUD

Rafael Santos

Director de Illuminare

La Jornada de Vocaciones Nativas, junto con su “hermana”, la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, tiene esta vez un tinte especial. Está ya en el horizonte inmediato el Mes Misionero Extraordinario convocado por el papa Francisco, y esto hace que el lema de la doble Jornada del 12 de mayo, “Di «sí» al sueño de Dios”, aparezca como entrelazado con el “Bautizados y enviados” que presidirá este trascendental Octubre Misionero impulsado por el Santo Padre.

Según explica Francisco, han sido los cien años de la publicación de Maximum illud (30-11-1919) los que han dado pie para impulsar la celebración de este Mes, que pretende ser todo un estímulo para “recapacitar evangélicamente” la misión de la Iglesia en el mundo de hoy. Un objetivo similar al de aquel documento de Benedicto XV, “carta apostólica sobre la propagación de la fe católica en el mundo entero”, que quería ser —y lo consiguió— un auténtico revulsivo para la Iglesia y su misión. Sus palabras iniciales (“La grande y santísima misión confiada a sus discípulos por nuestro Señor Jesucristo…”) siguen, hoy como hace un siglo, situándonos en el mandato misionero, vigente y candente como una urgencia en el corazón de los cristianos.

Ante la Jornada de Vocaciones Nativas, impresiona cómo ese documento profético de Benedicto XV señala con toda claridad que dos de las directrices prioritarias en la misión han de ser el “suscitar y cuidar el clero nativo” y la “atención a los valores de las culturas locales” (en enunciados de Juan Esquerda Bifet). Y es digno de reflexión el hecho de que sea en los números dedicados al “Cuidado y formación del clero nativo” donde aparezca una de las afirmaciones fundamentales del documento: “La Iglesia de Dios es católica y no extraña a ningún pueblo o nación” (n. 35), expresión que es “todo un programa para vivir la naturaleza misionera de toda la Iglesia” (de nuevo, en palabras de Mons. Esquerda).

Por encima de ciertas cuestiones de lenguaje que hoy pueden extrañarnos, las palabras de Benedicto XV sobre el clero local siguen arrojando una luz sobre las vocaciones nativas (incluyendo nosotros también las vocaciones religiosas autóctonas) que llega hasta hoy. Oremos y colaboremos económicamente para que el “sí” de tantos jóvenes de los territorios de misión no se vea entorpecido, y solicitemos, como el Papa hace un siglo al concluir su carta apostólica, que “secunde los anhelos de todos la excelsa Madre de Dios y Reina de los Apóstoles”.

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