“EN EL CORAZÓN DEL PUEBLO CRISTIANO DEBE ESTAR SIEMPRE LA NECESIDAD DE PROMOCIÓN VOCACIONAL”

 

Mons. Giampietro Dal Toso

Presidente de las Obras Misionales Pontificias

Nacido en 1964, Mons. Giampietro Dal Toso es arzobispo de Foratiana, secretario adjunto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y Presidente de las Obras Misionales Pontificias. En el contexto de la preparación del reciente Mes Misionero Extraordinario, pronunció en la Universidad Eclesiástica San Dámaso de Madrid una conferencia (“La Iglesia nace de la misión y vive para la misión”, 14-5-2019), de la que entresacamos lo referente a la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol, impulsora de la Jornada de Vocaciones Nativas.

En el ambiente difuso de fermento espiritual que es la Francia del siglo XIX, se va haciendo camino de una manera más precisa y consciente la necesidad de un clero local en las misiones. Desde hacía tiempo, un grupo de señoras que ayudaban a los misioneros con paramentos sagrados y material litúrgico fueron urgidas a ayudar en la construcción de seminarios, para proporcionar una adecuada educación a los aspirantes al sacerdocio.

Origen de la Obra

Así, Mons. Cousin, vicario apostólico en Nagasaki, se dirige a Jeanne Bigard y a su madre, Stéphanie. Las dos, animadas de un vivo interés por la vida espiritual, hacen suya la preocupación por los operarios del Evangelio, las necesidades de los sacerdotes, de los misioneros y del clero indígena. Esto las lleva a renunciar a todo cuanto poseían, a retirarse a dos humildes habitaciones y a destinar todos sus bienes a las misiones. Dándose cuenta de que es una misión que va más allá de sus fuerzas y que exigía una organización, Jeanne Bigard dio vida a una asociación que llamó “Obra de San Pedro Apóstol”, que tomó forma entre 1889 y 1896. Pero, ya en 1893, León XIII recomendó la Obra a toda la cristiandad (cf. encíclica Ad extremas Orientis, 24 de junio de 1893).

Los primeros Estatutos son de 1894 y rezuman un espíritu verdaderamente universal, dirigiéndose a todas las misiones, para las que pedían oraciones, sacrificios, ofrendas y becas de estudios para la formación del clero local. De manera especial, las señoras Bigard subrayan la conciencia de la universalidad, de lo decisivo del clero local en la misión, y la movilización humana y espiritual de las Iglesias de antigua cristiandad por el interés misionero de los unos por los otros.

La Obra fue trasladada de Caen a París y, más tarde, en medio del ambiente político del tiempo, a Friburgo, en Suiza. Pero Jeanne Bigard, consciente de los primeros síntomas de la enfermedad que la llevaría a perder la razón, consigue que Propaganda Fide, que visita varias veces, confíe la Obra a las religiosas Franciscanas Misioneras de María, hasta su traslado, en 1929, junto con la Obra de la Propagación de la Fe, a Roma, a la sede de la entonces Sagrada Congregación de Propaganda Fide, hoy Congregación para la Evangelización de los Pueblos.

Su naturaleza

Primer y más importante objetivo: servirse de los recursos espirituales, especialmente la oración y el sacrificio, para obtener que el “Dueño de la mies envíe obreros a su mies”, sensibilizando al pueblo cristiano de la necesidad de que muchos respondan a la llamada del Señor.

Su finalidad son las vocaciones: la res- puesta a las llamadas de “especial consagración”, tanto al sacerdocio como a la vida religiosa, masculina y femenina, y su buena formación, tanto en seminarios y casas de formación, como a nivel teológico, proporcionándoles todos los medios necesarios.

En el corazón del pueblo cristiano debe- ría estar presente siempre esta necesidad de promoción vocacional, para que ninguna vocación se pierda por falta de medios materiales. Según el Annuario Statistico della Chiesa, mientras a duras penas se mantienen o disminuyen las vocaciones en los países de antigua cristiandad, en el ámbito de las jóvenes Iglesias las respuestas a la llamada vocacional mantienen una tendencia al crecimiento.

Se necesitan oración, sacrificio y medios materiales para la promoción, el discernimiento y la formación de tantos llamados; respuesta que es de Dios a nuestras oraciones y sacrificios.